Entre culpables y víctimas.
hay gente extraña,
de mediana edad,
que consuela educadamente,
cortésmente inquietante,
muy extraña.
Entre culpables y víctimas.
hay gente extraña,
de mediana edad,
que consuela educadamente,
cortésmente inquietante,
muy extraña.
¿Podría suceder que volviera sin maldad, de niño?
Giuseppe Ungaretti
Podrías volver,
más arduo,
sin maldad,
que niño.
¡Volver!
Esperanza
de tu vejez,
no de la mía.
No lo hagas,
Ya sentenciaste tu vida.
O quizás,
Ya lo hiciste,
desde ese astro loco,
de tanta soledad,
y has crecido inadvertido,
madurando tu inocencia,
en el implacable tributo,
de las sombras,
con amor,
de brazos nuevos,
de Siracusa
con luna.
¡El amor!
¡Cómo va a ser,
bálsamo de tu mundo,
si tu amor privado,
tan tormentoso,
lo extiendes
a tantos olvidados!
Y todo ello,
más difícil,
en actos justos,
ante la condescendencia
de los fuertes,
siempre preferidos,
y tan ajenos
a tus sueños.
Tu devoción
a la justicia,
aunque viene
de un despechado amor,
tiene raíz sagrada,
pero con tus fuerzas de hoy,
no debes exponerte,
en ese lugar temible,
sería una visión insoportable,
para muchos de nosotros,
y condenada al olvido.
“Amando a las rosas ayudo a los armenios”
La Señora Dalloway de Virginia Wolf
Es tal,
el encantamiento,
de tu delicadeza,
que llegamos
a creernos,
como enclaustrados
armenios madrileños,
el poder que proclamas.
Amar lo que puedas,
mejor si lo merece,
puede ayudarnos,
ante la impotencia reinante.
fundidos al dolor,
de tanto tiempo,
y belleza lejana.
También hemos soñado,
caminos y calendarios,
para llegar a un mundo,
como el tuyo,
con esa paz
de belleza,
dolorosamente efímera.
En ese pasado, que parecía:
“próximo, doméstico y cordial"
Parecía … entonces y ahora,
Hasta que desapareciste,
en tu rio fúnebre y plácido.
Tu enloquecida inmersión,
sobre nuestras venas palpitando,
en la corriente de tu mundo,
tan armenio como el nuestro.
“No me des por perdido en la distancia pues el lamento me une a ti
ahora con mucha más fuerza que una vecindad forzada"
Henry David Thoreau
Nuestras voces
son tacto suave,
sobre nuestros cuerpos.
La mía,
¿La sientes más débil?
No temas,
estoy rabioso.
Y los cabellos de tu voz
hacen vibrar mi boca,
desvelando más allá
de todo
lo que nos decimos.
Mas allá,
de nuestras encendidas
sendas peregrinas,
de nuestras ventanas derramadas,
las golpeadas y las festivas,
sobre nuestras voces fundidas.
¿Escuchas?
Resuena en el silencio,
hasta nuestro tercer oído.
Por nosotros y por tantos,
estoy rabioso,
con la doncellita del 19. (1)
“De las aisladas contemplaciones, pasas al gran todo"
Lord Byron
Una palabra,
una sola,
ubicua,
palpitante,
con un latido,
inenteligible,
bronco y hondo,
carnívora
de incontables voces.
A punto de estallar,
nombrándolo todo,
a su capricho,
irreconocible,
para ti, para todos,
los que nos sentimos,
uno y todo,
en esta niebla maldita,
que sepulta los relojes.

"Carnívora de incontables voces"