¿Hay una visión,
más arrogante,
que este pensamiento?
“Amando a las rosas ayudo a los armenios”
La Señora Dalloway de Virginia Wolf
Es tal,
el encantamiento,
de tu delicadeza,
que llegamos
a creernos,
como enclaustrados
armenios madrileños,
el poder que proclamas.
Amar lo que puedas,
mejor si lo merece,
puede ayudarnos,
ante la impotencia reinante.
fundidos al dolor,
de tanto tiempo,
y belleza lejana.
También hemos soñado,
caminos y calendarios,
para llegar a un mundo,
como el tuyo,
con esa paz
de belleza,
dolorosamente efímera.
En ese pasado, que parecía:
“próximo, doméstico y cordial"
Parecía … entonces y ahora,
Hasta que desapareciste,
en tu rio fúnebre y plácido.
Tu enloquecida inmersión,
sobre nuestras venas palpitando,
en la corriente de tu mundo,
tan armenio como el nuestro.
“No me des por perdido en la distancia pues el lamento me une a ti
ahora con mucha más fuerza que una vecindad forzada"
Henry David Thoreau
Nuestras voces
son tacto suave,
sobre nuestros cuerpos.
La mía,
¿La sientes más débil?
No temas,
estoy rabioso.
Y los cabellos de tu voz
hacen vibrar mi boca,
desvelando más allá
de todo
lo que nos decimos.
Mas allá,
de nuestras encendidas
sendas peregrinas,
de nuestras ventanas derramadas,
las golpeadas y las festivas,
sobre nuestras voces fundidas.
¿Escuchas?
Resuena en el silencio,
hasta nuestro tercer oído.
Por nosotros y por tantos,
estoy rabioso,
con la doncellita del 19. (1)
“De las aisladas contemplaciones, pasas al gran todo"
Lord Byron
Una palabra,
una sola,
ubicua,
palpitante,
con un latido,
inenteligible,
bronco y hondo,
carnívora
de incontables voces.
A punto de estallar,
nombrándolo todo,
a su capricho,
irreconocible,
para ti, para todos,
los que nos sentimos,
uno y todo,
en esta niebla maldita,
que sepulta los relojes.

"Carnívora de incontables voces"
“El ángel de la Jiribilla asusta a la muerte"
Jose Lezama Lima
Mi ángel caótico,
quizás inocente,
diablo redimido al cabo.
Abrazado a las colas sin justicia,
expulsado sin piedad,
en todos los coros,
por sus toses.
Tenía que acabar así,
siempre riendo,
ingresado, y detrás yo,
Una risa loca,
de este diablillo angelical,
que debió asustar,
a los espectros lunares,
que asomaban por
los pasillos y habitaciones,
del hospital.
Médicos, enfermeras,
cuidadores y pacientes,
estremecidos todos,
percibieron que la suerte,
esta vez, era para bien,
entre el ángel que perdura,
y el demonio que se redime.
![]() |
| "Con aroma a pino orensano" |
Desgarrado,
por el Madrid pandémico,
el aprendiz de rio,
dejo de serlo,
y se abrió,
en Gran Canal,
de orillas lejanas.
No tardaron,
con aroma de madera,
de pino orensana,
en aparecer,
las góndolas artesanas,
de desolada belleza,
acogiendo cánticos y fiestas,
en la orilla alegre,
y por la noche,
casi no se distinguían,
en la otra orilla,
deslizándose entre
suaves gemidos,
hacia un fondo,
de diminutas luminarias.
El Gondolero Mayor,
solía antes de retirarse,
entonar la llamada,
y despertar a muchos,
con la piel aterida,
y los ojos escrutadores
de Julia.
¿Qué soñábamos?
Me preguntaba,
también despertado.
“Cualesquiera que sea la edad de los enfermos,
es su vejez quien sufre"
Jacques Prevert
El Hospital, más longevo,
que él,
le buscaba espacios y tiempos,
que el virus ya devoraba.
El pánico inundaba,
al veterano doctor,
Y a la joven víctima.
Pero al viejo gladiador
le surgieron enérgicas,
palabras de ánimo.
En respuesta,
la mirada del joven,
le llevó más allá,
al bello tiempo lejano,
de su juvenil aprendizaje,
volviendo con la luz curativa,
del diagnóstico, y agigantando
las providenciales medicinas,
en una alquimia esplendorosa.
Por fin tras los minutos críticos,
aquel martes de abril,
aquélla misma luz,
les envolvió en la gracia,
de su supervivencia.