Sin ensayar,
sin esperarlo,
comenzaron a elevar la voz ,
tuya , mía , nuestra,
cantaron, cantarán ,
y cantaban.
De repente,
pararon para oír,
el eco,
en el cercano Urumea (1),
de sus propias voces .
Removidos,
comenzaron de nuevo,
con aquella canción ,
de las viejas redes ,
en las familias del puerto.
Las manos, casi todas juntas,
las voces imponiendo los gestos,
y subiendo la luz,
sus ropas oliendo a mar .
Pararon porque,
estaban cantando , demasiado bien ,
la emoción quemaba .
De seguir,
su “Irrintxi”, (2)
hubiera ido desde,
el “Peine de los Vientos”,
al “Cementerio de los Ingleses.
Se fueron,
sin recordar,
por qué,
habían comenzado,
a cantar.
(1) Río que atraviesa San Sebastián para desembocar en el mar, muy cerca del
edificio, sede, del Orfeón Donostiarra.
(2) Grito de triunfo, mantenido vibrante hasta su explosión final




